miércoles, 15 de agosto de 2012

Relato 15º El baúl

María se crió en un orfanato, después de que su familia desapareciera tras la guerra. En el orfanato hizo varias amigas. Con una de esas amigas se llevaba mejor que con las otras. Esta amiga estaba enferma, y sabía que iba a morir, pero no le contó nada a María, para que no se pusiera triste.
La chica tenía un baúl de madera muy bonito que a María le encantaba. Era un simple baúl de madera donde la chica guardaba sus jabones, maquillaje y más cosas de niñas pequeñas.
Un día le dijo a María que cuando muriese, se quedase el baúl y María le contestó que no dijese tonterías, que no se iba a morir, que saldrían juntas del orfanato cuando tuviesen edad.
A la mañana siguiente, la amiga de María amaneció muerta y la directora del orfanato, tras el entierro, se llevó las pertenencias de la chica.
Días más tarde la directora fue a ver a María y le dio el baúl que su amiga le había regalado. La directora no quiso tocar el baúl más, así que se lo dio a María en una bolsa y se fue.

Muchos años después, María se había casado y tenía varios hijos e hijas. Mar, su hija, vio un día el baúl y le gustó, así que María se lo regaló. Mar aceptó el regalo y se lo llevó a la casa. Cuando estaba metiendo sus cosméticos en el baúl sintió un extraño malestar. Eso le sucedía cada vez que se acercaba al baúl así dos días después de haberlo obtenido, se lo devolvió a María.

Tiempo más tarde, Juana, otra hija de María, apreció la belleza del baúl y María se lo regaló. Cuando Juana lo puso en su habitación, una voz de niña enfadada resonó por toda la casa gritando:

- ¡DEVUÉLVELO! NO ES TUYO, ¡DEVUÉLVESELO!

Juana, asustada, cogió el baúl y se lo llevó a su madre. Actualmente María guarda en su habitación el baúl que le regaló su amiga cuando eran pequeñas.





Las últimas voluntades siempre son motivo para la permanencia de un espíritu en el mundo de los vivos. ¿Aunque cuántos mundos hay? Yo no lo sé. ¿Lo saben ustedes?

jueves, 9 de agosto de 2012

Relato 14º La abeja de juguete

Juana trabajaba como limpiadora. Una de las casas donde iba a limpiar vivía un matrimonio. El matrimonio tuvo hacía años un hijo, que nació muy enfermo y acabó muriendo a los 7 años de edad.
La casa era grande, tenía una gran entrada, un pasillo que comunicaba el salón, la cocina, el baño, las escaleras a la planta superior y la entrada al corral.

El niño fallecido tenía muchos juguetes que sus padres le habían comprado y hecho. Había uno en concreto que le gustaba mucho, y se pasaba horas jugando con él. Se trataba de una abeja en un alambre, que al darle la abeja bajaba y subía  por el alambre.
Cuando el chico murió, su madre puso la abeja en la entrada de la casa porque aseguraba que el niño seguía por allí, su espíritu seguía allí con ellos.

El hijo de Juana iba a ayudar al hombre de la casa con los animales todos los días. Siempre que pasaba por el pasillo le daba a la abeja para que subiese y bajase. Cuando le preguntaban por qué le daba siempre contestaba que un niño le pedía que le diese.

Un día, el hijo de Juana pasó con un cubo en cada mano y no pudo darle a la abeja, y la abeja comenzó a moverse como si le hubiese dado. Ellos no se asombraron porque ya habían notado antes cosas similares.

Pasó el tiempo y la dueña de la casa habló con su marido sobre despedir a Juana, porque ya no necesitaban sus servicios. Entonces, se le manifestó su hijo y le dijo: "¡NO LES ECHES!".
Según lo explicó la mujer, su hijo no quería que Raúl, el hijo de Juana dejase de ir allí. Juana también le explicó que alguna conexión había entre ellos, que debían de haber hablado porque Raúl hablaba en sueños y decía cosas sobre el niño, cosas que hablaba o hacía con él. 





Es increíble como algunas personas pueden percibir ese lado de la realidad. A veces siento envidia, aunque sería raro ver muertos. Cómo saber si es real o no. Que complejo es el mundo y que simple lo vemos.

sábado, 4 de agosto de 2012

Relato 13º La señora de la casa

Era un día un tanto extraño. Juana notaba algo extraño en la casa, pero no sabía el qué. Estaba sola con los dos niños pequeños en la casa. Ellos jugaban y ella hacía las labores del hogar. En la azotea, mientras tendía la ropa, Juana sintió como la agarraban. No podía moverse, estaba paralizada. Intentó gritar pero no podía. Miró intento ver que era lo que la agarraba, pero no podía girar la cabeza, y lo que alcanzaba de su cuerpo no estaba sujeto por nada ni nadie. De pronto, se sintió libre. Asustada fue a ver a los niños y aliviada quedó al comprobar que estaban bien.

Llegó la noche y Juana acostó a los niños. Seguía teniendo esa sensación extraña, como si hubiese algo en la casa, una presencia que la observaba en todo momento.

Se duchó y se acostó. Tendida en la cama estaba cuando de pronto sintió que los pies de la cama se hundían, como si alguien se hubiese sentado. Se asustó tanto que se tapó con las sábanas hasta la cabeza.
Con el miedo que tenía no pudo decir ni una palabra, tan solo pudo temblar. Le llegó un fuerte olor a anís, y le extraño mucho, porque no tenía anís en la habitación, ni en ninguna parte de la casa.
Al cabo de un rato sintió como los pies de la cama se volvían a su sitio. Un momento después la ventana se abría y una corriente de aire agitó las cortinas. 

Juana se destapó. Tenía los ojos lagrimosos del miedo que estaba pasando. Pero tenía que comprobar que todo estaba bien, y sobre todo, que sus hijos estaban bien. Cogió la lámpara que tenía en la mesita de noche y la empuñó con ganas. Se acercó a la ventana y miró. No había nadie. 
Retrocedió y se dirigió a la habitación de los niños. Allí no había nadie. Y de pronto, escuchó la puerta del baño. Bajó las escaleras y vio como la puerta del baño se cerraba de un portazo y una especie de corriente empujaba las cosas que había entre el baño y la ventana de la cocina. Por esta ventana salió y Juana la cerró corriendo para que no volviese a entrar.

Esa noche no pudo pegar ojo. Era normal después de lo vivido. 

Al día siguiente se lo contó a una vecina, amiga suya. Esta vecina le contó que antes de que ella viviese ahí, vivía una mujer mayor que se ahorcó un día. La mujer bebía anís todo el día, hasta que se ahorcó, borracha, acabando así con su vida.



Es increíble cómo un espíritu puede quedarse atrapado en una estancia. Cómo puede un alma vagar por el mundo de los vivos atormentándonos con su vaivén. Este mundo es mucho más de lo que parece, aunque los escépticos inventen cualquier cosa para negarlo.
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jueves, 2 de agosto de 2012

Relato 12º Aparición

Era una tarde de intensa lluvia. Raúl estaba en su tienda, trabajando. Era una tarde aburrida, porque la lluvia no invitaba a salir a ningún sitio, y parecía que la gente no tenía nada que comprar.

La lluvia no cesaba, y Raúl paseaba de un lado a otro de la tienda, pensando en cerrar e irse a casa, a ver una película, o algo. Se situó ante la puerta de la tienda y observó la lluvia.
Al rato, decidió cerrar la tienda e irse. Cuando estaba cerrando la puerta, vio a su abuelo al fondo de la tienda diciéndole:
- Raúl!!, ten cuidado.
- ¿Abuelo? - preguntó Raúl.

Asombrado, entró en la tienda para hablar con su abuelo, que llevaba años muerto. Éste deapareció y Raúl cerró la tienda y se fue a su casa.

¿Con qué tenía que tener cuidado Raúl? ¿Por qué se apareció su abuelo?

Tal vez si su abuelo no hubiese aparecido para decirle que tuviese cuidado habría sufrido un accidente. Quién sabe...